Verdad en el silencio
La canción que escribí después de la tormenta
Hubo un tiempo en el que creí.
Creí con todo el corazón.
Entregué mi fe como quien construye un hogar sin pensar que el suelo puede ceder. Me sostuve en promesas bonitas, en palabras suaves, en silencios que quise interpretar como amor.
Las mentiras no llegaron gritando. Llegaron susurrando.
Dulces. Casi cuidadosas.
Y yo las escuché porque amar, a veces, es querer creer incluso cuando el alma empieza a sospechar.
Pagué caro el precio de ese amor.
Lo pagué con lágrimas silenciosas, con noches largas, con la sensación de haberme perdido un poco a mí misma. Hubo días sin abrigo, sin respuestas, donde solo quedaba el eco de lo que fue… y de lo que nunca sería.
Pero desperté.
Desperté del sueño y entendí que incluso la decepción trae regalos ocultos. Que las heridas también enseñan a volar. Que sanar no es olvidar, sino dejar de doler. Y que amar no debería costarte la paz.
Solté.
No desde el rencor, sino desde la dignidad.
No para castigar, sino para volver a mí.
Las cadenas que llevé durante tanto tiempo dejaron de pesar. Y por primera vez, me miré al espejo sin miedo, sin culpa, sin necesidad de explicarme. Supe que era mi momento. Mi ocasión. Mi vida.
Esta canción nació ahí.
En el instante exacto en el que decidí no permitir más mentiras rozando mi piel. En el lugar donde reconstruí mi mundo con verdad, con perdón y con una fuerza serena que solo llega después de haberlo atravesado todo.
Hoy camino con el alma en alto.
Mis sueños han vuelto a respirar.
La verdad es mi guía, el perdón mi elegancia, y la música… mi manera de decir que sobreviví.
Porque al final de toda tormenta, siempre llega la calma.
Y en esa calma, encontré mi paz.
Y mi canción.