Y me quedo

Esta canción nació cuando dejé de pelear conmigo.

No apareció en un momento de fuerza, ni de claridad, ni de respuestas. Apareció cuando me senté en silencio, frente a lo que dolía, y decidí no moverme de ahí. Durante mucho tiempo creí que sanar era olvidar, pasar página rápido, no mirar atrás. Pero un día entendí que mi corazón no necesitaba huir, necesitaba comprender.

Y me quedo empezó al piano, muy despacio. Sin intención de escribir una canción. Solo estaba tocando acordes lentos, casi como si me hablara a mí misma. En ese espacio apareció una frase interior muy clara: no te vayas. Y no hablaba de una persona, hablaba de mí.

Me di cuenta de que había aprendido a ser fuerte demasiado pronto, a levantarme sin escuchar, a seguir sin tocar el fondo. Esta vez quise hacer algo distinto: quedarme junto a mi sufrimiento sin juzgarlo, sin disfrazarlo, sin exigirle que desapareciera.

El soul llegó de forma natural, porque el soul es eso: verdad sostenida en el tiempo. No grita, no corre, no se justifica. El blues apareció cuando acepté que había derrotas que no se arreglan, pero sí se integran. Y el gospel entró como entra siempre en mi música: cuando ya no puedes sola y necesitas sostén. Los coros representan esa voz que te acompaña cuando estás cansada de cargar contigo misma.

No escribí esta canción para olvidar nada.
La escribí para hacerle sitio.

Cada verso habla de darme tiempo, de no castigarme por sentir, de entender que el silencio también dice cosas importantes. El estribillo no es una rendición, es una elección: quedarme no para sufrir, sino para entender quién fui, quién soy y quién puedo llegar a ser después de atravesar la herida.

Hubo un momento clave mientras la escribía, casi al final, en el que entendí algo muy simple y muy grande: no había muerto en el dolor. Seguía viva. Respirando. Escuchando. Y eso ya era un comienzo.

Y me quedo no es una canción triste, aunque duela. Es una canción honesta. Una canción que no promete soluciones rápidas, pero sí algo más profundo: la certeza de que quedarse también puede ser un acto de amor propio, y que después de la noche, aunque sea despacio, algo siempre empieza a latir.

Esta canción es para quienes no se han ido de sí mismos.
Para quienes entendieron que renacer no siempre es empezar de cero, sino habitarse con todo lo vivido.

Y por eso la llamé Y me quedo.
Porque esta vez, me quedé.

Anterior
Anterior

Blues de medianoche

Siguiente
Siguiente

LO QUE SE ROMPIÓ EN MÍ